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Efectivamente, resulta que tras la segunda ecografía, en la que, para variar, tampoco me han dejado entrar, la doctora ha visto que había dos embriones.
Al parecer uno de los dos está algo más desarrollado que el otro, pero tampoco es seguro, pues depende de la posición en que se encuentren. El más grande mide unos tres milímetros.
Aún es pronto para saber si se trata de una sóla placenta (gemelos) o de dos (mellizos). En la próxima ecografía, que será el 5 de mayo, sabremos más, aunque quizá aún sea demasiado pronto.
El impacto ha sido total. Laura no sabía si reir o llorar, y yo desde el primer momento he pensado ... ¡¡pues cojonúo!!.
Las doctoras lo primero que han preguntado era si estábamos siguiendo algún tipo de reproducción asistida (in vitro, inseminación artificial ...) pero va a ser que no. Todo ha sido de lo más tradicional. Espontáneo como le llaman ellos. Aunque de espontáneo nada, ¡que lo hemos echo a propósito!
Casi lo primero que se le ha pasado a Laura por la cabeza ha sido: ¡Jo, ahora no podré tener el Bugaboo!.
¡Endevé, con este peaso noticia y pensando en eso!. Pero mira, tendremos que conformarnos con un Bébécar o un Jané gemelar, que la verdad, a mí me parecen más chulos ... (espero que Laura no se entere de ello, oye, que si no me canea).
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